LA
PLAZA DE LAS NIEVES, LA LIBRERÍA DE LA NACHO
Era una paloma Tuerta, con un ojo
abultado, que al mirarla de lado parecía la colilla a punto de caer de un cigarro, a punto de
perder el fuego y la idea de seguir volando.
Conspira, observa y sin rumbo se detiene a mi lado, en busca del humo
que de mi boca exhalo, y de aquellos diminutos trozos de azúcar que del empaque
han quedado. Su estadía no me incomoda,
ni mucho menos me hace daño, a menos que esté portando un mal de muchos años y
quiera que junto a su lado despierte al mundo con un resfriado.
La lluvia se detiene, el cielo se
despeja y al parecer yo también puedo salir volando, de aquél café de la
librería de la nacho, de aquella terraza
en la que la séptima estoy mirando. Unos minutos más y la paloma, emprende su viaje.
Yo pago y bajo, a contemplar lo que en una esquina aún no ha pasado; el
encuentro con un sinfín de historias que jamás había percatado y la espera
porque algo allí me dejara sin ningún presagio
Afuera, encuentro textos que al parecer
son de mi interés, pero sin dinero dentro de mi morral, me dan ganas de llorar, y
tal vez correr por esa avenida en la que quizá también estén, simplemente más
baratos y sin rigidez. Su contenido no
cambia solo lo que de su portada se
pueda ver, y los pesos que sin besos hay que perder. Muchos de ellos aquí se nombrarán, contando
la historia del qué dirán, de esa esquina aún sin recorrer, por muchos que
pasan y nada ven.
Así empezaré narrando la historia de
una señora como loca, que dentro muy dentro guardaba un secreto, un cuento de
quien sabe cuánto tiempo, que a fin de cuentas se llama el alcohol secreto. Aquella
no tiene nombre, edad ni claridad mental para pensar, el por qué su vida no era
normal. Solo analizar que dentro de su
cuerpo tenía que estar, el licor de la
muerte y el secreto de la soledad.
Caminando y llegando al lugar en donde
yo estaba ya, le pregunta a mi vecino, -ve niño, no tendrás alguito para tomar-, y él sin pena ni gloria muy groseramente le
contestó,- para ti vieja borracha nada tengo, adiós -.la estatua enfurecida que
allí posa sobre la placita pareció avisar, a la policía que a metros estaba
para cuidar. De repente,un cuerpo verde
vino para aislar, a la señora muy lejos de la sociedad, pues cuentan los que cuentos ni secretos
pueden callar, que aquella siempre aqueja a la gente del lugar, y que nunca,
por más que quieran, a ella la harán olvidar, el amor que siente por esa
botella que nunca se va a acabar. La
botella de la muerte y la pesadez de la libertad, que ella condiciona y no ha
sabido aprovechar.
Pero no todo es llanto, pesadez e
inmadurez, pues aún en el invierno la lluvia no deja ceder, el canto y la fe de
quienes viven al pie, de esa esquina bonita capaz de sorprender. Como pasa con aquella que siempre está,
tomando la presión del corazón al son del sol; aquella que simplemente pone su
ser y estar, a disposición del que quiera salvar su humanidad. De qué supondremos que será de ser,como la vieja loca a quien ella echó a correr. Su nombre al igual, desconocido quedará, pero
nunca su tiempo y labor a realizar.
Ella, un tanto robusta y sin desvariar, con
sus cachetes rojos quiere redondear, el rojo pálpito de quienes a ella acuden
ya, cuando piensan que su suerte no los acompañará más. Aunque suertudo resulta uno a quien de primeraso
me percaté, no solo quería su corazón
atender; pues este además con coqueterías y traje de crack, a la chica quería
cortejar, para así poder estar, con ella en el más allá. Pero ella casi tiesa, al parecer no le
corresponderá, pues aquel muy viejo resulta ya
para su edad; y el sin más que hacer e
imaginando junto a ella el tiempo pasar, se quedará esperando una respuesta que nunca llegará; el
fin de su ilusión, el fin de una vida sin amor.
Como estas muchas historias vi en ese
lugar, historias de niños, jóvenes y más, que esperando o desesperados, el amor
parecía molestar, aún cuando se supone este a todos debería alegrar. Cualquier desprecio me hace gracia a mi,
cuando la ridiculez no puede soportar la indiferencia y el sentir, que aquella
jamás corresponderá, a quien intenso no la deja de seguir.
Historias
del mundo sin los trozos aburridos son los que se cuentan aquí, en la esquina donde todo el tiempo
personajes que parecen de mentiras parecen surgir; en la mañana, o en la noche
cuando muchos hacen caso omiso de su seguridad, al medio día cuando todos
corren a llenarse de caviar. Una de
ellas que salió de un lugar, pareció molesta y con ganas de llorar, pues aquel
restaurante al que fue a almorzar, con un pelo sorpresa la hizo vomitar. Y
el payaso chistoso que invitaba a
entrar, con gestos y chistes la quiso remediar, pero aquella tan brava estaba
ya, que ni siquiera la cuenta quiso mirar.
Ese payaso de quien hablo aquí, y que a
lo lejos veo con ganas de morir, denota la tristeza de lo que hace allí, que no
le da si quiera para sonreír.
Aquellos armados en colores y alegrías
de mentiras me recuerdan a mi, que la esencia no se esconde tras el festín,
siendo ellos al parecer, los que más sufren y no tienen nada para reír. Sin embargo su labor al patrón debe
sorprender, mostrando al público su interés, porque al restaurante quieran
entrar, así sea solo a chismosear. Y
este, solo, parece sentir, el hambre de lo que adentro no le van a servir, pues
ese, el dueño, tacaño resulta ser, que a sus empleados las sobras les da de
comer. ¿Qué será de la vida de aquel que
de su alegría pretende vender, esperanzas y sueños que el ya no ve, al perderlo
todo, su vida, e interés? Con esa pregunta me dejó reflexionando, un par de
horas para
Seguir trabajando, en un texto de tres
mil palabras, en el texto de la vida de un montón de extraños.
Ahora dejar de lado el cuento de tantos que por
aquí han pasado, para recrear lo que el edificio, cuenta con tantos años,
mostrando en sus vestigios la lucha de los revolucionarios
Grafitis y pinturazos, decoran las paredes del
contemporáneo, que en sus bordes de antaño, putazos tiene al estado.” Ministra
renuncie”, dice de un lado, pues fue ella la que al estudiantado, dejó más de un
mes plantado, en calles y universidades, pero sin clases y peleando.
Estar aquí me recuerda aquel año, en los que las
marchas y besatones, eran el fin de cada
rato; cuando parada en este punto, fotografías y videos machacaban el
firmamento, con gritos y cantos, que al presenciarlos aportaba, una voz más en el
llanto; un llanto por la revolución que
hacía falta por la educación; la voz de libertad, la voz de la expresión en su
máximo esplendor
Ya empieza la noche, y con ella su oscuridad, que
asentada en los rincones, solo muestran inseguridad. Una plaza desocupada, donde los que quedan
solo son, los que de otros esperan un morral lleno de ilusión. Pasaba una señora, un tanto fina y delicada,
que al arañaso de un ratero, grita pero nada pasa; solo el tiempo en el que
llega otra vez el cuerpo verde, a filtrar un robo, ya una actividad
inconsecuente. En ese bolso llevaba, su
dinero y maquillaje, que a la hora de la verdad, no hacían más que espantar,
pues su presencia era otra a la que en realidad, huía con polvos para
aparentar. Llorando y suplicando, porque
agarraran al señor, aquellos verdes corren sin dirección, y ella achantada no
hace más que aclamar, por una ciudad plena donde pueda encontrar paz.
Yo con pinta desadaptada y un tanto desparchada, me
encuentro con un parcero al que le sigo
su juego; con él comparto Momentos una bebida que solo venden allá, capaz de
embriagar con el dulce del ámbar, encendiendo la luz de algo que nacía y
florecía bajo la luz, la luz de una luna que expectante quería una fortuna. La
fortuna de suscitar un amor de verdad, la fortuna de dejar atrás la soledad.
Para rematar la noche, jazz se oye desde el lugar,
tocado con un saxo como para enamorar, al son de la pasión y el fuego de la
ciudad, que acompañan perfectamente la ocasión y el estar; estar en un lugar
que nadie pensará, sería un recuento de relatos e historias para contar.
Así termina el cuento de un día peculiar, donde la
mañana, tarde y noche cambiaron mi pensar; de un espacio al que la gente sólo
va, a que alguno lo retrate al otro costado por un dineral. El cuento sin fin de una esquina entrometida
en la ciudad, capaz de transformar el ser y el estar. El estar inmerso dentro de una sociedad, tan
llena de locuras y vivencias por explorar.
Siempre me llaman mucho la atención las narraciones urbanas, ese aroma de lo citadino y acá también lo estoy disfrutando. Espero seguir leyendo este tipo de historias que tanto alimentan el alma. Buenas letras.
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